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Pasajes a Cuba

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Descubra el santuario biológico de Cuba. Del impacto azucarero —que redujo bosques del 95% al 14%— a la "Cruzada Verde" que elevó la cubierta al 21% y protegió la Ciénaga de Zapata, este ecosistema es pura resiliencia. Su conservación exige tratar esta fauna y flora únicas como patrimonio soberano y base de futuras generaciones.

Ecología: El santuario natural

Sus características, enfoques y perspectivas ecológicas

La República de Cuba es un archipiélago rico en biodiversidad. Con un área total de 42,855 millas cuadradas, incluye a Cuba propiamente dicha —la isla más grande de las Antillas—, la Isla de la Juventud (anteriormente Isla de Pinos) y más de 1,600 islas pequeñas y cayos que forman el grupo de los Canarreos en el sur y el grupo de Sabana-Camagüey en el norte. En 1996, la población de Cuba se estimaba en más de 11 millones de personas.


Debido a su ubicación estratégica, Cuba fue llamada "Llave del Nuevo Mundo", un título bien merecido. Esto trajo ventajas, ya que se convirtió en el lugar de aprovisionamiento y reparación de la Flota de Indias, los galeones que viajaban como una sola flota entre Hispanoamérica y España. A su vez, se transformó en un punto de encuentro para marineros, pasajeros y tripulaciones que llenaban a La Habana con sus disputas y sus costumbres deplorables.


A través del estrecho de la Florida, a una distancia de 112 millas, se encuentra la península de la Florida de los Estados Unidos. El paso de los Vientos, de 48 millas de ancho, separa a Cuba de Haití y, a 130 millas de distancia, a través del canal de Yucatán, se erige México. El mar Caribe baña sus costas meridionales, desde donde se puede avistar a Jamaica en un día despejado, a través del estrecho de Colón, a una distancia de 87 millas. Las 2,175 millas de costa de Cuba incluyen algunas de las mejores bahías de la región: Mariel, Cabañas, La Habana, Cárdenas y Nipe al norte, y Guantánamo, Santiago de Cuba y Cienfuegos al sur. Cuba, situada en la zona tropical del Caribe, mira hacia el mar, pero siempre ha dependido, por encima de todo, de su agricultura.


Otras características del país son: su clima estacionalmente húmedo, con una estación seca (noviembre - abril) y una estación lluviosa (mayo - octubre), con tormentas y huracanes relativamente frecuentes bajo la influencia de "ENOS" [El Niño/Oscilación del Sur]. Las llanuras son numerosas (75% de la superficie) con tres sistemas montañosos principales: la Sierra Maestra en el sureste, Guamuhaya en la región central de Cuba y Guaniguanico al oeste. Los manglares o marismas cubren sus costas de forma esporádica. Cerca del litoral se puede disfrutar de algunos de los arrecifes de coral más hermosos y mejor conservados del hemisferio. Dada la geografía larga y estrecha de Cuba, sus ríos no son extensos y carecen de aguas abundantes. El ochenta y cinco por ciento de ellos tienen menos de 25 millas de longitud, con cuencas inferiores a las 77 millas cuadradas. Los manglares y las marismas cubren el 8.26% de Cuba.


Con una temperatura media anual de 29°C (84.2°F) y una humedad relativa del 80%, Cuba goza de la mayor biodiversidad de todas las islas de las Américas. Las variedades nativas incluyen el 51% de las plantas vasculares y más del 80% de los animales invertebrados terrestres, especialmente los moluscos. Cuba ocupa el primer lugar en las Antillas en árboles de gran altura, incluyendo 100 especies de palmas nativas.

Debido a la continuidad de los ecosistemas de la plataforma insular, su contenido endémico es inferior al de la tierra. Se estima que están presentes hasta 5,000 especies de plantas y animales marinos (sin incluir el plancton) con 600 especies de peces marinos, de las cuales 150 son de particular interés para la industria pesquera, y otras 60 especies cuyo hábitat son los lagos costeros. La fauna marina posee una alta diversidad de ecosistemas debido a las heterogéneas condiciones ambientales.

La Isla no cuenta con ningún animal que sea considerado un peligro para el hombre. El grupo de los vertebrados está poco representado en la isla, con los mamíferos a la cabeza de dicho grupo. Por el contrario, las aves constituyen un elemento característico de la fauna, con 350 especies (terrestres y acuáticas) reportadas en la isla. Algunas de estas aves provienen de América del Norte, desde donde emigraron hacia Cuba y otras partes del Caribe debido a los daños en la ecología de su hábitat original.


En los últimos años, en todo el mundo, la existencia misma del planeta en el que vivimos no solo se encuentra seriamente amenazada, sino ya gravemente dañada debido a la minería excesiva, la contaminación, la deforestación, las sequías y la expansión de los desiertos, la extinción acelerada de importantes formas de vida, la disminución del agua potable, el aumento del nivel del océano debido al derretimiento de las capas de hielo polar y de los glaciares de montaña, y a los agujeros en la capa de ozono con consecuencias impredecibles a corto plazo. La diversidad del medio ambiente, el peligro del equilibrio ecológico, la supervivencia de la biosfera y la salvación del planeta han impuesto el desafío ineludible de sumarse a los esfuerzos de rescate, en solidaridad por un comportamiento mejor, más ético, sano y respetuoso entre los hombres, para encontrar un desarrollo sostenible que no dañe el medio ambiente sino que, por el contrario, mejore las condiciones de vida de las sociedades presentes y futuras.


Cuba se ha comprometido, a nivel nacional e internacional, a asumir el desafío en su totalidad, de una manera racional y satisfactoria. Es una tarea muy difícil de llevar a cabo por varias razones, entre las que se encuentran la destrucción histórica acumulada de sus recursos naturales y la escasa o inexistente presencia de la cultura ecológica requerida para un uso y manejo adecuado y sostenido de los recursos naturales y del medio ambiente, así como las dificultades económicas para destinar del presupuesto nacional los elevados montos que exigen el desarrollo sostenible y el rescate del patrimonio natural nacional.


El 1 de enero de 1959, las posibilidades económicas en Cuba eran pocas y se llevaban a cabo de manera irracional mediante industrias contaminantes y obsoletas, con daños indiscriminados a la fauna y la flora, erosión y salinización del suelo, y una infraestructura deficiente para el suministro de agua y para la correcta eliminación de residuos. La contaminación actual del agua, tanto interior como marina, se debe en su mayor parte a los materiales de desecho que han sido vertidos de manera irresponsable en ríos, bahías y zonas costeras. Desde el comienzo mismo de la industria azucarera en Cuba, su desarrollo estuvo acompañado de la deforestación, provocada por la necesidad de nuevas tierras vírgenes y de madera para combustible. Se ha estimado que en 1511, cuando España comenzó la conquista y colonización de la isla de Cuba, espesos bosques ricos en maderas preciosas como el cedro, la caoba y el ébano cubrían el 95% de su suelo. Para 1812, durante el período inicial de la expansión azucarera en la parte occidental y central del país, la cifra era todavía del 89%, y para 1900 era del 54%.

Para 1959, tras seis décadas bajo la influencia de los Estados Unidos, cuando se explotaban cada vez más regiones hacia el este, solo el 14% de Cuba era tierra boscosa. Durante los primeros 300 años de dominio colonial, con un débil desarrollo económico y demográfico, la deforestación ascendió al 6% del territorio, mientras que las primeras seis décadas del siglo XX provocaron casi la destrucción total de los bosques con un 40% adicional de la tierra (más de 11 millones de acres), un equivalente territorial a la devastación total desde 1511 hasta 1900.


Las secuelas inevitables de un desastre ecológico de tal magnitud afectaron a todo el medio ambiente, una situación que empeoró debido a la aplicación incesante de productos químicos a los cultivos y a los recurrentes efectos negativos sobre la biodiversidad a causa de la destrucción del hábitat natural de algunas de las especies. Para la década de 1950, Cuba se había convertido en una tierra de latifundios. De hecho, el 87% de la superficie agrícola nacional estaba compuesta por grandes extensiones azucareras y ganaderas, muchas de ellas controladas por capital norteamericano. La economía cubana era, y sigue siendo, predominantemente agraria, cuya producción está destinada a mercados exteriores cíclicos que traen precios inestables para sus dos exportaciones básicas: el azúcar y el tabaco. Ambos productos históricamente han sido víctimas de severos monopolios, de los cuales no han sido liberados en las últimas cuatro décadas.


Los cálculos indican que, a partir del siglo XVI, 14,000 especies identificadas se han extinguido, lo que equivale al 10% de la fauna cubana. En 1959, solo el 64% de la población disponía de agua potable, el 28% contaba con servicios sanitarios y el 23% de los cubanos eran analfabetos. La mortalidad infantil era de 60 por cada 1,000 nacimientos y la esperanza de vida era de 61.8 años. Los índices más recientes sitúan a Cuba entre los países líderes del mundo con una población con acceso a la atención médica y al agua potable, incluso en las zonas más remotas del país. La campaña masiva de alfabetización de 1961 erradicó el analfabetismo. La mortalidad infantil y la esperanza de vida son ahora de 7.2 por cada 1,000 y 75 años, respectivamente.


Pero los daños al entorno físico o natural crean diferentes escenarios de un drama mundial que conduce a muchas situaciones trágicas e irreversibles. Quinientos millones de personas viven con contaminación atmosférica; las crisis de agotamiento afectan a 15 de las principales zonas pesqueras internacionales. Mil millones de personas no tienen agua potable y dos mil millones no cuentan con condiciones sanitarias adecuadas. Según la UNESCO, la cantidad de agua potable en los países llamados desarrollados es hoy en día un tercio de lo que era en 1970, y una cuarta parte de la población de esas naciones vive en la pobreza extrema. Cada año se pierden de 7 a 10 millones de acres de bosques y la desertificación mundial avanza a un ritmo de 15 millones de acres por año. Incluso en la Europa desarrollada, los bosques están sufriendo los efectos acelerados de la contaminación del aire, con pérdidas anuales estimadas en 35 millones de dólares. Cada 24 horas se extinguen entre 150 y 200 especies, lo que amenaza con la desaparición del 25% de nuestra diversidad biológica a menos que se tomen medidas urgentes durante los próximos 30 años.


Ante este peligro, resultado de una agresión histórica al medio ambiente a escala mundial que ha afectado el tejido social mismo de nuestro planeta, los países ricos y pobres se encuentran divididos por niveles desiguales de desarrollo e intercambio; por ello, los principales organismos internacionales han convocado a los gobiernos del mundo a asistir a conferencias con el propósito de analizar la magnitud del problema y proponer soluciones. Los países ricos cuentan con el 20% de la población mundial, pero consumen dos tercios de los metales y tres cuartas partes de la energía. Los pobres sufren una explosión demográfica que multiplica la pobreza y amenaza profundamente sus ecosistemas.

Entre las conferencias, vale la pena mencionar la "Conferencia sobre el Medio Humano" celebrada en Estocolmo en 1972, donde se establecieron las bases para un desarrollo económico sostenible con el objetivo de controlar y revertir los daños ecológicos causados por los modos dominantes de producción y consumo. Asimismo, debemos mencionar la "Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo" (CNUMAD), celebrada en Río de Janeiro en 1992, la cual presentó la relación entre el crecimiento económico, el desarrollo económico y el medio ambiente. Allí se expuso a los infractores más flagrantes y se hizo un llamado a promover una mayor y más activa conciencia mundial sobre estos problemas. En Río se alcanzó un acuerdo internacional, una estrategia mundial con propuestas globales para la ejecución de una acción integrada en favor de un desarrollo económico en sintonía con el medio ambiente y un crecimiento racional y sostenible: tal es el contenido de su trascendental Agenda 21.


La legislación colonial que trataba directa o indirectamente con el medio ambiente se ocupó principalmente de las minas y los bosques a partir de la segunda mitad del siglo XIX. El código de 1876 relativo a los bosques, por ejemplo, abordaba la prevención de daños causados por inundaciones, la preservación de manantiales y ríos, la conservación del suelo, las medidas preventivas contra la destrucción de la capa superficial del suelo y la erosión terrestre, la provisión de cierta protección contra los vientos violentos y el objetivo de influir favorablemente en cuestiones climáticas o en las condiciones de la tierra.


El texto de la ley, en la práctica, no se implementó: la deforestación y sus efectos, como se mencionó anteriormente, no solo continuaron sino que se aceleraron. Similares faltas de resultados se obtuvieron con los decretos de 1923 y 1936. El código de 1923 proponía proteger ciertas especies de madera que seguían siendo explotadas de manera insensata (por ejemplo, el ébano, el nogal cubano o las palmas de corcho). El código de 1936 ordenaba la replantación de los bosques, declarando a la Ciénaga de Zapata como refugio nacional, donde se prohibían la pesca y la caza. Con mejores resultados, en una ley de 1939, las tierras boscosas de Topes de Collantes en la Sierra del Escambray fueron declaradas parque nacional. Asimismo, en 1949, se protegió el bosque de El Cacahual, en un radio de 500 metros alrededor del monumento donde descansan Antonio Maceo y su ayudante Francisco Gómez Toro. Y, en 1950, las montañas de la finca Turquino en Niquero fueron declaradas "Montañas Protectoras".

Durante estas varias décadas, la legislación relativa al medio ambiente comprendió 402 disposiciones que abordaban la fauna y la flora, la sanidad vegetal, las ordenanzas sanitarias y de minas, los recursos hídricos, la vivienda, los puertos, el empleo, la pesca, el turismo, la sanidad animal y la salud pública. En 1954, un decreto prohibió la explotación o extracción de las arenas a lo largo de los siguientes cayos: Piedra, Chalupa, Diana, Romero, Macho y Blanco, así como de las aguas de la bahía de Cárdenas. Estas regulaciones, así como la protección adicional de las tierras boscosas, fueron debidamente violadas.


partir de 1959, se puso en marcha un programa de estrategias a corto y largo plazo para revertir el terrible legado frente al medio ambiente y la biodiversidad dejado por siglos de abandono. Este programa comenzó con las leyes de reforma agraria y otras legislaciones relativas a la educación, la salud, el saneamiento, la replantación de bosques y la conservación de los centros turísticos.

Posteriormente, mediante la Ley 998 (del 5 de enero de 1962), se derogaron 92 leyes y se modificaron algunas otras —varias de las cuales habían sido emitidas por el propio gobierno— para facilitar la puesta en práctica de las regulaciones que declaraban parques nacionales a lugares tales como: Cuchillas del Toa, Gran Piedra, Sierra Maestra, Escambray, Laguna del Tesoro, Sierra de los Órganos, península de Guanahacabibes, Ciénaga de Lanier, Sierra de Cubitas y Sierra Cristal.

Además, se emitieron otras regulaciones especiales para la península de Hicacos, donde se encuentra la playa de Varadero —uno de los principales atractivos turísticos del país—, así como para la capital de Cuba, la Ciudad de La Habana, con su alta concentración de población, actividad económica y el patrimonio humano de "La Habana Vieja" con su riqueza urbana y arquitectónica que data del siglo XVI.

En la década de 1990, ya existían 275 zonas protegidas, lo que equivalía al 22% de la superficie del archipiélago, como parte de un sistema en evolución que trabajaba para resolver graves problemas que requerían mucho tiempo, enormes recursos y una cultura ecológica dinámica en el pueblo.



En general, se han identificado los siguientes problemas principales:


  • La degradación del suelo debido a la erosión, el mal drenaje, la intrusión salina, la acidez y la compactación, entre otros problemas.
  • El empeoramiento de las condiciones sanitarias y de las condiciones ambientales en localidades urbanas, incluida la capital.
  • La contaminación del agua tanto terrestre como marina.
  • La deforestación.
  • La pérdida de la diversidad biológica.


La legislación a la que nos hemos referido cubre mucho más terreno, ya que también aborda la 

inversión extranjera, la energía nuclear, el patrimonio cultural y la administración del Estado, al tiempo que recodificaba otras medidas derogadas. Posteriormente se promulgaron otras leyes, tales como la de Patrimonio Forestal, Fauna Silvestre y sus Infracciones (1993), Medicina Veterinaria (1993), Aguas Terrestres (1993), Regulaciones para la Sanidad Vegetal (1994) y la Ley de Minas (1994). Se encargó a un Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) la supervisión de la aplicación y el cumplimiento de estas leyes. En respuesta al Derecho Ambiental Internacional, se firmaron acuerdos en materia de pesca que delimitan las zonas económicas marítimas con países vecinos como México (1976), los Estados Unidos (1977 y 1988) y Haití (1977). Entre 1921 y 1997, Cuba firmó más de 60 acuerdos o tratados relativos al medio ambiente —la mayor parte de ellos desde 1975— concernientes a la energía, la pesca, la protección de las plantas, la contaminación del agua, la prohibición de armas bacteriológicas, la explotación y el uso del espacio ultraterrestre, la protección de los trabajadores, la protección del patrimonio mundial cultural y natural, la flora silvestre, los accidentes nucleares, la diversidad biológica, la protección de la capa de ozono, etc.


Sin embargo, el camino por delante es largo y difícil. Aún quedan por promulgar varias regulaciones específicas y actualizadas relasivas al comercio y el medio ambiente, las inversiones y el medio ambiente, y la protección al consumidor. Existen zonas francas y parques industriales que inician un proceso que debería contribuir a la solución de estos problemas, en favor de nuevas tecnologías por parte de los inversionistas extranjeros y de nuevas instalaciones que sustituyan a las obsoletas y contaminantes.

La legislación en evolución y los programas educativos deben avanzar al mismo ritmo que las metas ecológicas que se pretenden alcanzar, con el apoyo insustituible de una sociedad educada.


El 16 de enero de 1965 se instituyeron dos programas: el Sistema Nacional de Reforestación mediante la plantación de árboles maderables y frutales, conocido como el Plan Manatí, y el Plan Turquino, para el desarrollo económico y social, así como para la protección del medio ambiente en las zonas montañosas.

Poco después, en 1997, se introdujo una medida para que toda nueva inversión o construcción deba contener, entre los documentos oficiales para su aprobación, una licencia ambiental. Con este fin, considerando la Estrategia Nacional para la Diversidad Biológica —diseñada a través del Programa Nacional de Medio Ambiente y Desarrollo como la respuesta de Cuba a la Agenda 21—, se inició un estudio para el manejo de las cuencas hidrográficas, con sus correspondientes programas de ordenamiento territorial y prestando especial atención a los ríos Cauto y Zaza debido a su deforestación y a la contaminación por el vertido incontrolado de desechos industriales. El diagnóstico resultante para solucionar la contaminación de las cuencas representó el 18% de una posible solución total y el 30.6% para una solución parcial, incluyendo nuevos proyectos en los ríos Toa, Guantánamo-Guaso, Hanabanilla, Ariguanabo, Almendares-Vento y Cuyaguateje. El interés por la recuperación de las cuencas hidrográficas se extendió a las bahías, especialmente las de La Habana, Santiago de Cuba, Cienfuegos, Cárdenas y Puerto Padre.


 Con la promoción de leyes como las que se han mencionado y la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, junto con otros organismos de la Administración del Estado, se han obtenido importantes pero modestas mejoras, considerando el largo legado de abandono en lo que respecta al medio ambiente y la biodiversidad.La Ley No. 81 del Medio Ambiente, aprobada en junio de 1997, establece en su artículo segundo: El medio ambiente es patrimonio e interés fundamental de la nación. El Estado ejerce su soberanía sobre el medio ambiente en todo el territorio nacional y, en este sentido, tiene todo el derecho de aprovechar sus recursos de acuerdo con sus políticas de desarrollo y medio ambiente.


A los logros anteriores se podrían añadir otros, entre ellos:


  • El proceso nacional de deforestación se ha revertido, con un incremento anual del 0.18% en los bosques durante los últimos 40 años. Todas las actividades de tala están prohibidas en bosques, áreas protegidas y reservas. En la actualidad, el país cuenta con 5,953,260 acres de tierras boscosas, lo que representa el 21.3% de su territorio, en contraste con el 14% en 1959. Esta reversión a favor del aumento de los bosques es de la mayor importancia, ya que su destrucción fue la causa primordial que afectó a los suelos dedicados a la agricultura, con sus consiguientes pérdidas de biodiversidad y dañinos cambios climáticos. La palma real, los árboles frutales y algunas especies endémicas en peligro de extinción están protegidos por una legislación especial. En cuanto a la fauna, especies como el venado, el manatí, el flamenco, la cotorra y la Polymita picta se encuentran totalmente protegidas. Toda la costa norte de la provincia de Camagüey, incluidos sus cayos, ha sido declarada Refugio Nacional para los flamencos.
  • En 1959, el 76% del suelo se había erosionado, la capacidad de riego era de 395,369 acres y el agua conservada en embalses ascendía a 12.7 mil millones de galones. Hasta 1997, se aplicaron medidas antierosión para beneficiar a 7.5 millones de acres y se calcula que, para ese año, la infraestructura hidráulica del país proporcionaba un volumen anual de 3.5 billones de galones, alcanzando el 55% de los recursos hidráulicos potenciales. Todo esto se logró gracias a años de dedicación en la construcción de presas y micropresas, lo que elevó varias veces la capacidad de embalse, con un incremento en las áreas de riego de 395,369 acres en 1959 a 2.7 millones de acres en 1993. Debe tenerse en cuenta que en Cuba más de 70,000 personas viven en zonas áridas con condiciones de sequía prolongada, la intrusión salina afecta a la provincia de Guantánamo y a otras partes del país, y la deforestación afecta a 11 de las 14 provincias. Además, 700,000 personas viven en montañas que se ven afectadas por la deforestación y la erosión.
  • Otro proyecto importante que se lleva a cabo para la recuperación del medio ambiente es el humedal conocido como la Ciénaga de Zapata, al sur de la provincia de Matanzas, el cual está oficialmente incluido en la Lista de Humedales de Importancia Internacional, compilada por el Convenio de Ramsar. En esa área, con más de 1,738 millas cuadradas cubiertas por bosques, manglares, pastizales y vegetación costera, existen más de 900 especies vegetales nativas, 172 especies de aves, 31 especies de reptiles, 12 especies de mamíferos y un número considerable de peces, anfibios e insectos. Fue en la Ciénaga de Zapata —antiguo escondite de piratas y contrabandistas de esclavos negros— donde tuvo lugar la famosa e infructuosa invasión de Bahía de Cochinos. La Ciénaga de Zapata es el humedal más grande y mejor conservado de la cuenca del Caribe.
  • La recuperación de algunas marismas hidráulicas, bahías y reservas de agua ofrece resultados alentadores, pero el principal desafío proviene de la erosión del suelo, que afecta al 76.8% de la tierra, y de los ecosistemas marinos, cuya condición es altamente frágil y de fundamental importancia para la economía y la sociedad. Para 1998, el aumento en la capacidad de las presas, junto con las medidas adicionales para la construcción de la infraestructura correspondiente, abasteció de agua potable al 98.5% de la población urbana y al 79.4% de la población rural. Para ese mismo año, se disponía de un drenaje adecuado para el 93.6% y el 82.5% de las poblaciones urbana y rural, respectivamente.
  • La recuperación de la cuenca del río Cauto, que mide 3,475 millas cuadradas y afecta a una población de aproximadamente un millón de personas, es otro de los objetivos. Este proyecto, emprendimiento asumido en colaboración con la UNICEF, incluye planes de reforestación, mejora de sus suelos y un suministro adecuado de agua tanto para el riego como para el consumo.


Durante junio de 2001, el Dr. Klaus Töpfer, Director Ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), visitó Cuba, viajó a varias provincias y verificó los esfuerzos del país en la protección de sus costas, su ecosistema de manglares y el desarrollo del turismo con un impacto mínimo en el entorno. Alabó los resultados, así como la restauración de la histórica Habana Vieja, siempre vigilante del paisaje histórico y cultural y de las tradiciones de esta zona de la capital; una clara indicación, insistió el Dr. Töpfer, de la defensa de la identidad nacional.


No menos importantes y trascendentales son las tareas que se llevan a cabo para la limpieza y restauración ecológica de las bahías. La de Cienfuegos, por ejemplo, fue declarada en peligro en 1997, tras haberse determinado que sus niveles de contaminación eran excesivos. Las medidas que se habían emprendido no habían logrado detener su deterioro, ya que cada vez se capturaban menos camarones, su fauna marina había comenzado a desaparecer y se notaba un deterioro acelerado de sus playas. Después de un intenso esfuerzo contra la contaminación, monitoreado por el Centro Provincial de Higiene y Epidemiología, hoy en día las playas están libres de contaminación y se ha producido un aumento significativo de las especies comunes, especialmente del camarón blanco. Las 47 fábricas, talleres y centros que fueron declarados fuentes de contaminación ya no amenazan el medio ambiente o lo hacen a niveles aceptables, utilizándose el 84% de los desechos principalmente como fertilizantes para áreas agrícolas.


En la Ciudad de La Habana, que reportó un incremento del 45% en las inversiones para el medio ambiente en el año 2000, los contaminantes se redujeron en un 12% durante los primeros meses de ese año. El porcentaje de la población que recibe agua por tuberías aumentó al 98.5%. En la bahía de La Habana se identificaron 208 fuentes de contaminación, de las cuales 36 fueron completamente eliminadas y 125 se encuentran actualmente en proceso de solución parcial. Estas medidas, junto con otras adicionales y necesarias, han iniciado el proceso de descontaminación y la reaparición de la biodiversidad en sus alrededores, estimada actualmente en un 50%.


Entre los principales logros en la agricultura se encuentran: la preparación de un Mapa Nacional de Suelos a una escala de 1:25,000; la extensión de una red de servicios agroquímicos para más del 60% de las áreas cultivadas; la aplicación masiva de fertilizantes orgánicos; la creación y desarrollo de bancos de germoplasma para la protección de los recursos fitogenéticos; la implementación de Servicios Nacionales de Sanidad Vegetal y Animal; la regionalización de especies y variedades de plantas; el desarrollo de agentes biológicos para el control de plagas y la implementación de programas de pronósticos y diagnósticos.


Cuba es un país demasiado deficiente en recursos naturales básicos para alcanzar un alto desarrollo industrial, particularmente en el área de la generación de energía como el carbón y los hidrocarburos, cuyos volúmenes de extracción son insuficientes para satisfacer la demanda interna. Su potencial para la energía hidroeléctrica es también bajo debido a las características hidrológicas de sus cuencas fluviales.

Por lo tanto, el uso de la biomasa renovable como energía es de especial importancia para Cuba. Fundamentalmente a través de la combustión del bagazo de la caña de azúcar para obtener energía en la industria azucarera, se están logrando importantes ahorros para la economía del país durante el actual "período especial". De este modo se ahorran las divisas que se habrían utilizado para comprar combustible, al tiempo que se aprovecha un recurso renovable de la propia caña de azúcar. A mediados de la década de 1990 se calculó que la biomasa representaba, en el balance energético nacional, cerca del 25% del total de la energía básica producida. La industria azucarera y sus derivados utilizan 5 toneladas de bagazo de caña y 3.7 toneladas de paja de caña, respectivamente, por cada tonelada de petróleo combustible.


Estos logros, y otros similares, son relativamente recientes y, como hemos señalado, aún resultan insuficientes; sin embargo, ya constituyen una prueba importante de los resultados de una estrategia bien fundamentada con respecto al medio ambiente y la biodiversidad. Ha sido apropiadamente denominada una "cruzada verde" contra la contaminación ambiental y las agresiones a la naturaleza. Para llevar a cabo esta campaña y ampliarla, el país puede contar actualmente con su destacado potencial científico y técnico, y, primordialmente, con sus recursos humanos.


A partir de 1996 comenzaron a implementarse 15 Programas Científico-Técnicos Nacionales, cuyas áreas de interés enumeraremos. Noventa y dos de sus 620 proyectos están directamente relacionados con el medio ambiente. Estos incluyen proyectos para la industria azucarera agrícola, la producción de alimentos por medios sostenibles, la biotecnología agrícola, el desarrollo de productos biotecnológicos, productos farmacéuticos y medicina verde, vacunas humanas y veterinarias, el desarrollo sostenible en las montañas, el turismo, la alimentación animal a través de medios sostenibles y biotecnológicos, los desafíos y perspectivas de la sociedad cubana en el siglo XXI, las tendencias actuales de la economía mundial y de las relaciones exteriores, los cambios globales y la evolución del medio ambiente cubano, así como las piezas de repuesto y los asuntos relacionados con la defensa. A finales de 1997, 31,578 personas trabajaban en investigación y desarrollo, de las cuales el 14% se dedicaba directamente a la investigación. Para 1998, el país contaba con 222 centros de investigación y desarrollo, el 30% de los cuales estaba dedicado a actividades técnicas, el 26% a las áreas de ganadería y pesca, el 25% asignado a la biomedicina, el 10% a las Ciencias Sociales y el 10% a las Ciencias Naturales.


Cuba dedica el 1.2% de su PNB a la investigación y el desarrollo (I+D) y cuenta con un índice de 1.8 científicos e ingenieros por cada 1,000 habitantes. Muchas asociaciones científicas no gubernamentales se ocupan de los problemas relacionados con el medio ambiente en las siguientes áreas: Geografía Cubana, Ciencia del Suelo de Cuba, Zoología Cubana, Ciencias Marinas de Cuba, Botánica Cubana, Espeleología Cubana, Zoología y Acuarios, Investigación Subacuática de Cuba, Meteorología Cubana y la Promoción de Fuentes Renovables de Energía. Además, las siguientes instituciones contribuyen a la educación ambiental: la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre, los museos de ciencias naturales, los parques nacionales, los parques zoológicos, los acuarios y los jardines botánicos.

La educación ambiental comenzó en la década de 1970, cuando sus temáticas se incorporaron al Sistema Nacional de Educación, comenzando desde los grados primarios, y en la formación y capacitación del propio personal docente cubano. El objetivo es promover una conciencia ambientalista en los productores, que sean conscientes de su entorno, que participen en campañas como la reforestación, la limpieza y el uso racional de los recursos naturales de acuerdo con los objetivos y principios del desarrollo sostenible.


As stated by professors Gilberto V. Trimino and Mercedes Córdoba, the Cuban people need a new ethical conception of their environment as common patrimony and assurance for development and survival. This new conception must face the environmental crisis as a social organization that is rational and respectful of nature, ever mindful of our ecosystems and our cultures: everyone's responsibility, everyone's multidisciplinary and unfailing practice.

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