
A diferencia de los Grandes Virreinatos —como los de Perú y Nueva España (México)— y otras regiones densamente pobladas del continente como Guatemala o Ecuador, donde se establecieron universidades, colegios y seminarios de educación superior desde el siglo XVI, tal empeño educativo comenzó mucho más tarde en la capital cubana. En enero de 1728, se fundó en La Habana la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo, por autoridad concedida a la orden de los frailes dominicos. La universidad se estableció en el Convento de San Juan de Letrán, intramuros, cerca de la Catedral y del centro urbano en la Plaza.
Desde sus inicios, San Gerónimo tuvo las mismas características y divisiones académicas que la Universidad de Santo Tomás de Aquino, la primera universidad de España en las Américas, autorizada en 1528 en Santo Domingo. A pesar de los casi 200 años entre sus respectivas fundaciones, ambas se organizaron según los objetivos y programas de la Universidad de Salamanca, basados en el enfoque dogmático de la escolástica aristotélico-tomista, priorizando la memorización sobre la experimentación y el análisis. Prevalecían la Teología y sus "verdades reveladas", seguidas por la Filosofía Especulativa y el Derecho Canónico y Civil. Otras disciplinas, como la Medicina, tuvieron que esperar hasta el siglo XIX para ser incluidas en el currículo con reconocimiento social.
Debido a la ausencia de un centro de estudios superiores en Cuba, los jóvenes de familias ricas partían al extranjero. Hasta el siglo XVIII, quienes vivían en el occidente (La Habana) iban principalmente a México o España, mientras que los del oriente (Santiago de Cuba y Puerto Príncipe) acudían a Santo Domingo o España. Esto facilitó, a largo plazo, la introducción de estudios avanzados modelados según universidades francesas, alemanas o norteamericanas, mitigando los efectos de la escolástica a través de profesores criollos.
El desarrollo económico del azúcar y el nacionalismo cubano impulsaron propuestas de reforma en San Gerónimo a inicios del siglo XIX. Aunque estas iniciativas no se implementaron allí, hallaron terreno fértil en el Colegio Seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana y en el Colegio San Basilio el Magno de Santiago de Cuba. Esta coyuntura fue favorecida por eventos internacionales como la independencia de los EE. UU. (1783), la Revolución Francesa (1789) y la ocupación napoleónica de España.
Bajo el obispado del progresista vasco Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa (1800-1832), el clero secular tomó el liderazgo educativo. Aunque no podían otorgar títulos superiores excepto en Teología, San Carlos y San Basilio enseñaron Filosofía y Derecho con un enfoque moderno, promoviendo a Descartes, Locke y Newton. Dos figuras religiosas estuvieron a la vanguardia: el presbítero José Agustín Caballero y, sobre todo, el presbítero Félix Varela Morales, quien enseñó Filosofía y Derecho Constitucional en español en lugar de latín. Varela, quien murió en el exilio en San Agustín, Florida (1853), transformó el seminario en una forja de jóvenes ilustrados como Domingo Del Monte, José Antonio Saco, José de la Luz y Caballero y Cirilo Villaverde.
Sin embargo, la reacción colonialista, temerosa de que Cuba siguiera el ejemplo emancipador de Bolívar o San Martín, impuso facultades omnímodas a los Capitanes Generales y frenó las reformas. San Gerónimo recuperó su arcaísmo hasta que en 1842 la universidad fue secularizada, convirtiéndose en la Real Universidad Literaria de La Habana, la única universidad española en América hasta 1898.
Durante el siglo XIX, la negligencia colonial obligó a los médicos cubanos a formarse en Montpellier, París o los Estados Unidos. Aun así, surgieron científicos de talla mundial como Felipe Poey (Ictiología), Francisco de Albear (Ingeniería Hidráulica), Álvaro Reynoso (Agronomía) y, el más destacado, Carlos J. Finlay, quien descubrió el agente transmisor de la fiebre amarilla. Estos investigadores se apoyaron en instituciones nativas como la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de Cuba.
El siglo XX comenzó con la transición del estatus colonial al neocolonial bajo la ocupación militar norteamericana. El gobierno de intervención aprobó el traslado de la universidad desde el ruinoso convento de San Juan de Letrán a la Loma de Aróstegui (Colina Universitaria) en 1900, creando las escuelas de Ingeniería y Arquitectura bajo el plan de estudios de Enrique José Varona.
La Universidad de la Habana republicana se caracterizó por una activa confrontación estudiantil contra la corrupción y las dictaduras de Gerardo Machado (1920-1930) y Fulgencio Batista (1950). Esta tradición de rebeldía se remonta al fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina por el gobierno español en 1871. Líderes como Julio Antonio Mella y José Antonio Echeverría se convirtieron en símbolos de esta resistencia.
Para la década de 1950, la educación superior era deficiente y elitista, con solo 15,000 estudiantes en una población de seis millones. Predominaban las humanidades y los métodos memorísticos. En enero de 1959, con el triunfo del gobierno revolucionario, la educación se convirtió en una prioridad nacional, iniciando con una campaña de alfabetización masiva y la nacionalización de centros privados.
La Reforma Universitaria de 1962 estableció la educación gratuita y vinculó el estudio con el trabajo productivo. Para 1997, la matrícula alcanzó los 100,000 estudiantes. El sistema creció de tres universidades en 1959 a 51 centros de educación superior en la actualidad (según datos del texto), incluyendo el Ministerio de Educación Superior (MES) creado en 1976.
Distribución de especialidades (51 centros):
Hoy, cada provincia cuenta con centros para Medicina y Pedagogía. La educación de posgrado se centra en la especialización y la investigación sistemática (Maestrías y Doctorados). El 45% del profesorado de la Universidad de La Habana posee el grado de Doctor (Ph.D.).
Cuba también ha extendido su formación a jóvenes de América Latina a través de instituciones como la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) y la Escuela Internacional de Educación Física y Deportes, bajo el lema de "humanizar la medicina".
En conclusión, la educación superior en Cuba ha evolucionado de un modelo escolástico colonial a una infraestructura masiva de investigación y docencia. Con cerca de 25,000 profesionales especializados en su nómina académica, el país, según los registros hasta 2012, se proyectaba hacia los niveles de logro científico exigidos por un siglo XXI competitivo.
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