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Pasajes a Cuba
Medicina preventiva en Cuba, programa del Medico de la familia.

La Medicina en Cuba: Un Relato Histórico y Legado Universal

Tres Siglos Escritos al Servicio de los Demás

La enseñanza de la medicina en Cuba comenzó tras casi dos siglos de dominio colonial español, a principios del siglo XVIII. Las referencias a actividades médicas durante los siglos anteriores mencionan a "barberos y cirujanos" y "flebotomianos y sangradores", así como al primer "médico y boticario" de La Habana, el Bachiller Gamarra, graduado en Alcalá de Henares (1569), cuya práctica principal consistía en sangrías. Tal escasez de servicios médicos continuó hasta el siglo XVIII, e incluso hasta el siglo XX en las zonas más aisladas y rurales del país.


Una escasez crónica de doctores facilitó la proliferación de curanderos de todo tipo, charlatanes que vendían toda clase de pociones, a veces acompañadas de inciertos "masajes y frotamientos" y otras fórmulas supuestamente curativas. Algunos de estos remedios provenían de España, otros incorporaban formas africanas e indocubanas, y otros eran simplemente desatinos médicos. De esta práctica empírica de la medicina surgieron "hechizos esotéricos", "recetas vagas" y "contactos personales reconfortantes", que se transmitieron como la forma de combatir la enfermedad con la ayuda de dispositivos mágicos y el consumo de hierbas, algunas de las cuales, en efecto, tenían propiedades curativas. Así era la atención prestada a personas que no conocían nada mejor, muchas de las cuales eran abandonadas a su muerte, desnutridas y llenas de parásitos.


Una receta del siglo XVIII (con posible influencia española) para la cura de la ictericia recomendaba: Tomar una onza de ruibarbo, media onza de crémor tártaro y media onza de jabón de Castilla, mezclándolo todo con miel para hacer una mermelada que debe tomarse dos veces al día, una cucharada por la mañana y otra al acostarse. En lugar de agua, el paciente debe beber té de achicoria mientras dure la mermelada.


Algunas fórmulas, tal vez con influencia nativa, incluían animales como escorpiones, cucarachas y ranas; por ejemplo, para la "absorción de tumores": "Frotar ungüento de rana y beber laxante salino".


Emilio Roig de Leuchsenring, antiguo Historiador de la Ciudad de La Habana, escribió hacia 1930: "El médico y la farmacia están casi siempre a varias leguas de donde viven los guajiros, y por esa razón, y por su pobreza, los guajiros solo acuden al médico en casos de enfermedad extrema, cuando los propios servicios médicos rurales están destinados a ser ineficaces... Tal ausencia de servicios médicos y sanitarios trae inevitablemente la presencia de curanderos".

Esa pavorosa desprotección médica comenzó a cambiar en las primeras décadas del siglo XVIII, de forma muy lenta, gracias a la formación médica y otras medidas tomadas por el gobierno colonial español. Según un documento oficial del cabildo de La Habana, Don Francisco del Álamo y Martínez de Figueroa fue autorizado a ofrecer clases de medicina en 1726. La verdadera transformación comenzó con el establecimiento de dos importantes instituciones: el Real Tribunal del Protomedicato (1711) y la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana (1728). La Universidad de San Gerónimo era dirigida por los dominicos e incluía una escuela de medicina.


El Protomedicato era un tribunal médico cuyas funciones incluían actuar como examinadores, regular y defender la profesión, combatiendo todo tipo de ilegalidades. Fue fundado en España por las Leyes de Toro de 1371 y reorganizado por los Reyes Católicos. Con sus raíces en la época medieval, el Protomedicato debía gobernar todos los aspectos sanitarios del reino, estableciendo y verificando mediante examen la competencia de toda una gama de personas que practicaban la medicina: desde cirujanos médicos con títulos universitarios hasta los llamados ministrantes (cirujanos latinos, cirujanos romancistas, barberos, dentistas, sangradores y parteras). Los boticarios o farmacéuticos también requerían la autorización del Protomedicato. El protomédico pionero en La Habana fue Francisco de Teneza, a quien se le atribuye la producción de los primeros materiales impresos en Cuba: Tarifa general de precios de medicina.


El Protomedicato duró en Cuba hasta 1834, cuando fue sustituido por las Juntas Superiores Gubernativas de Medicina y Cirugía y de Farmacia, que a su vez fueron reemplazadas en 1842, cuando entraron en vigor los primeros planes curriculares para las islas de Cuba y Puerto Rico.

En cuanto a los estudios universitarios de medicina y cirugía, durante el siglo XVIII se enfrentaron graves problemas, como la falta de competencia profesional y la insuficiencia de laboratorios y hospitales. El plan de estudios inicial incluía Fisiología (Prima), Patología (Vísperas), Anatomía y Methodus medendi. La enseñanza bajo la administración dominica sufrió los estrechos límites de la escolástica aristotélica impuesta dogmáticamente. En Medicina se priorizaba a Galeno, Hipócrates y Avicena. La instrucción se impartía en latín, práctica que perduró durante el siglo XIX, a pesar de su sustitución por el castellano en 1842.

En la época de la Ilustración francesa y la Revolución Industrial inglesa, en la Universidad de La Habana prevalecían los métodos más arcaicos. El ingreso universitario estaba limitado a hijos de "cristianos viejos", sin rastro de "mala raza" (ascendencia judía, mora o negra) y descendientes de matrimonios legítimos por tres generaciones. En el siglo XVIII no se ofrecían clases de Matemáticas, Física experimental ni Ciencias Naturales.


La creación de la Sociedad Económica de Amigos del País, integrada por intelectuales y profesionales cubanos, marca el inicio del proceso de superación del atraso educativo y el abandono sanitario. En este contexto surge la primera gran figura de la medicina en Cuba: el Dr. Tomás Romay, quien contó con el apoyo del Obispo Espada. El Dr. Romay promovió la sustitución de las iglesias como lugares de entierro por cementerios diseñados para tal fin. Su mayor gloria fue dirigir la campaña nacional de vacunación contra la viruela en 1804, comenzando por vacunar a su propia familia. Romay es considerado el fundador de la medicina cubana.


Otros hitos importantes fueron la publicación en 1797 del primer tratado de cirugía, escrito por el Dr. Francisco Javier de Córdova, y en 1798 las Reflexiones Histórico-Físico-Naturales-Médico-Quirúrgicas del Dr. Domingo Barrier, dedicadas a las enfermedades de los negros traídos de África.


En las primeras cuatro décadas del siglo XIX, la medicina se convirtió, tras el Derecho Civil, en la carrera preferida en San Gerónimo. Durante estas décadas, intelectuales liberales se interesaron en aplicar en Cuba los avances de Europa y Estados Unidos. De Francia se recibió la base científica fundamental. Esta influencia comenzó con médicos franceses que llegaron de Haití y Luisiana. Entre ellos se encontraba uno de los antiguos médicos de Bonaparte, el Dr. Antomarchi, y Enrique Faber, un joven cirujano romancista que resultó ser una mujer, convirtiéndose —pese a las prohibiciones— en la primera mujer médico en Cuba (Enriqueta Faber).


Bajo el Protomedicato se crearon cátedras de Anatomía práctica (con cadáveres) en 1820, Fisiología en 1821 y Cirugía en 1824. Con el apoyo del Obispo Espada, se aprobó una clase para parteras en el Hospital de Mujeres de Paula. En 1839, el Dr. Nicolás J. Gutiérrez estableció cursos de "cirugía mayor" y cirugía clínica, y publicó el Repertorio Médico, la primera revista médica de Cuba.


La Farmacia perdió su carácter medieval y se integró a la Universidad en 1842. Se incluyeron la Química y la Botánica con el fin de mejorar la producción azucarera y agrícola. El Dr. Romay propuso la creación de "médicos integrales" con un enfoque multidisciplinario. Sin embargo, la mayoría de la población no se beneficiaba de estos logros. La mortalidad anual de los esclavos en las plantaciones era del 8% en la década de 1830, lo que significaba la sustitución total de su población cada 10 años. La Habana era conocida como la "Cloaca de marineros" por la alta mortalidad debida a la insalubridad.


La principal causa de muerte era la fiebre amarilla, pero la población sufría también de tuberculosis, rabia, tétanos, lepra, disentería y cólera. Los hospitales eran centros de contaminación más que de curación. Esta situación persistió hasta el Plan de 1842, que transformó la Universidad Dominicana en la Real Universidad de La Habana.


A finales del siglo XIX, la Escuela de Medicina superaba a la de Derecho en alumnos, con una facultad de liberales cubanos descrita por las autoridades coloniales como un "centro de insurrección". En 1888 se informaba que la escuela no tenía laboratorios ni equipo científico, ni siquiera agua. A pesar de esto, se fundaron instituciones vitales como la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana (1861) y la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba (1878).


Varios médicos cubanos alcanzaron reconocimiento internacional: el Dr. Joaquín Albarrán (urólogo en París), el Dr. Manuel González Echevarría (especialista en epilepsia en Nueva York) y el Dr. Juan Guiteras Gener (patólogo en Pensilvania).


Dos eventos culminantes ilustran el final del siglo XIX:


  1. El fusilamiento en noviembre de 1871 de ocho estudiantes de medicina, injustamente acusados de profanar la tumba de Gonzalo de Castañón.
  2. El descubrimiento por el Dr. Carlos J. Finlay del mosquito Aedes Aegypti como agente transmisor de la fiebre amarilla. Este hallazgo hizo habitable el continente americano y permitió la construcción del Canal de Panamá.


Tras la derrota de España en 1898, el gobierno de intervención norteamericano inició un proyecto de saneamiento en La Habana basado en el descubrimiento de Finlay. El Comandante William C. Gorgas dirigió los servicios de salud y el Dr. Walter Reed presidió la Comisión Médica Militar. En 1900 se trasladó la universidad a la Loma de Aróstegui y se inició la construcción del Hospital General Calixto García.


En 1933, el Congreso de la Asociación Médica Panamericana declaró el 3 de diciembre (nacimiento de Finlay) como el "Día de la Medicina Americana". Cuba fue el primer país del mundo en crear un Departamento de Salud Pública con rango de Ministerio.


En 1958, Cuba tenía un médico por cada 1,121 habitantes, pero los servicios estaban concentrados en La Habana (62% de las camas para el 16% de la población). El 49% de la población rural carecía de atención médica. Tras 1959, la Revolución promovió cambios radicales: la salud se convirtió en prioridad nacional, gratuita y universal. Se realizó una campaña de alfabetización y se nacionalizaron los centros privados.


En la actualidad (según datos del texto de 2000-2012), Cuba cuenta con un sistema de salud robusto: 65,500 médicos, 270 hospitales y una red de 440 policlínicos. La educación superior médica se imparte en 21 facultades en todas las provincias. La contribución internacionalista ha llevado a médicos cubanos a más de 26 países.


Cuba ha erradicado enfermedades como la difteria, poliomielitis y sarampión mediante programas masivos de vacunación. Es el primer país en producir una vacuna contra el meningococo B. El sistema del médico de la familia, iniciado en los años 80, se ha convertido en un modelo de medicina preventiva.


Desde los curanderos y sangradores hasta el Dr. Finlay y el sistema de salud actual, la medicina en Cuba ha recorrido en tres siglos el camino milenario de la ciencia médica occidental, alcanzando una reputación internacional por sus logros científicos y su labor humanitaria.

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